
“LA SATISFACCIÓN DE RENDIR LA ÚLTIMA MATERIA Y TENER EL TÍTULO EN MANO NO TE LA DA NADA”
Autor: Lic. Claudia Bazán - Publicado: 13 de Octubre de 2026
Agustín Romero se recibió de Ingeniero Electricista tras un recorrido marcado por el esfuerzo, el aprendizaje y los vínculos que construyó durante sus años en la universidad. Desde su experiencia como laboratorista en el IPSEP hasta su presente como profesional independiente, destaca la capacidad de resolver problemas como una de las herramientas más valiosas que le dejó la carrera.
Mi interés por la Ingeniería Electricista empezó en cuarto año de la secundaria técnica, cuando cursaba la especialidad en electricidad. Con el tiempo, me fui dando cuenta de que era lo que realmente me gustaba y, después de algunas visitas a la facultad y a los laboratorios, terminé de decidirme. Elegí esta universidad principalmente por la cercanía con mi ciudad.
Aunque la carrera me llevó más tiempo del que establece el plan de estudios, fueron años muy buenos, llenos de experiencias que me ayudaron a crecer tanto en lo académico como en lo personal. Una de las que más me marcó fue haber trabajado como laboratorista en el IPSEP. Esa oportunidad me permitió acercarme a los docentes, escuchar sus vivencias en primera persona y empezar a conocer de cerca lo que hace un ingeniero en la práctica. Fue una manera de conectar lo que aprendía en las aulas con la realidad de la profesión.
Por supuesto, también hubo momentos difíciles. El más duro, sin dudas, fue la pandemia de 2020. Tuve que volverme a mi ciudad y continuar cursando a distancia, sin grupos de estudio ni consultas presenciales. Se hizo cuesta arriba. Lo que me ayudó a atravesar esa etapa fue aguantar ese año con la idea de volver a Río Cuarto, reencontrarme con mis compañeros y amigos de estudio, y recuperar esa experiencia universitaria que tanto necesitaba.
Si pienso en las herramientas que me dejó la carrera, creo que la principal es la capacidad de resolver problemas. Aprendí que, ante cualquier situación, ya sea técnica o de la vida cotidiana, es importante frenar, no desesperarse, pensar con la cabeza fría y buscar la mejor solución. También aprendí a evaluar si lo que uno propone realmente tiene sentido. Es una forma de pensar que hoy aplico mucho más allá de la ingeniería.
Claramente, no soy la misma persona que empezó en 2016. La facultad, la ciudad, las amistades y todas las experiencias que viví durante estos años me fueron formando y me ayudaron a convertirme en quien soy hoy.
Creo que mucha gente que no está vinculada con el ámbito desconoce el verdadero alcance de la Ingeniería Electricista. Incluso a uno mismo le cuesta dimensionarlo mientras está cursando. Hoy dependemos de la electricidad para prácticamente todo, y garantizar que el servicio sea continuo y de calidad es fundamental. Sin embargo, eso es solo una parte de todo lo que podemos hacer como profesionales.
Actualmente trabajo de forma independiente y, desde ese lugar, noto que hay cuestiones de la realidad laboral que se terminan de aprender con la experiencia. La carrera te brinda una base teórica enorme, pero después hay que salir al campo, enfrentarse a situaciones concretas y aprender a desenvolverse en el día a día. Por eso, considero muy valiosa la experiencia en empresas del medio: permite acercarse a la práctica y entender mejor cómo se aplica todo lo aprendido.
Una de las cosas que más disfruto de la profesión es que siempre hay algo nuevo para resolver o aprender. No es un trabajo en el que uno pueda quedarse con lo que ya sabe; constantemente aparecen desafíos que te obligan a pensar, buscar alternativas y seguir creciendo.
Si pudiera hablar con mi yo del primer año, o con alguien que hoy está dudando si empezar la carrera, le diría que no baje los brazos ni afloje. Cuesta, hay momentos de bajón y situaciones en las que parece que todo se hace más difícil, pero vale la pena seguir. La satisfacción de rendir la última materia y tener el título en mano no te la da nada.